Cómo mantener tu mochila a salvo de malos olores y humedad

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En los últimos meses os hemos hablado sobre cómo prepararnos físicamente para un viaje con mochila. Esta semana, en cambio, queremos volver a centrarnos en la mochila en sí misma como ya hiciésemos en este otro artículo sobre cómo preparar una buena mochila. Y es que, como mochiler@s experimentad@s, sabemos los problemas que pueden darse a lo largo de un viaje de este tipo. Uno de ellos, por ejemplo: los malos olores y la humedad.

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Viajar con mochila es viajar ligero, improvisar y adaptarse. Estar en movimiento, llevar el mínimo equipaje posible y saber aprovecharlo al máximo. Por eso, aunque a priori pueda parecer un problema secundario, mantener nuestras pertenencias a salvo de malos olores y humedad nos será de gran ayuda. Especialmente en climas tropicales. Estos pequeños trucos mantendrán a estos dos indeseables enemigos viajeros a raya:

Ropa sucia

Resulta imposible tanto llevar ropa para cada uno de los días de nuestro viaje, como lavarla con la regularidad que lo haríamos si estuviésemos en casa. De ahí la importancia de mantener la ropa sucia que se va acumulando bien separada y aislada de la limpia para evitar que tanto los olores como el polvo o suciedad se extiendan. Una bolsa de plástico es la solución más fácil y segura puesto que el plástico no deja pasar los olores siempre que esté bien cerrada. No obstante, si podemos optar por una bolsa estanca reutilizable y duradera, incluso mejor; para nosotros y para el medio ambiente.

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Calcetines sucios

¿Por qué separamos los calcetines del resto de la ropa sucia? Fácil.: los calcetines son, seguramente, las prendas que más sufren en climas tropicales o durante el verano. Muchas veces se suma la humedad al olor, por lo que es recomendable separarlos en una bolsita dentro de la bolsa de la ropa sucia.

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Calzado húmedo

La mejor solución para unas zapatillas o botas húmedas es el de rellenarlas de papel de periódico y dejarlas toda la noche al aire libre. Las hojas absorberán la humedad y el olor. Otra opción un poco más drástica es llenarlas de arroz crudo, que también absorben la humedad de una manera rápida y eficaz.

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Derrames

No son olores ni humedad, pero un frasco mal cerrado puede producir un auténtico destrozo en nuestra mochila. Es recomendable colocar los potes, botellas y otros contenedores con líquidos o cremas que puedan derramarse y pringar nuestra mochila en una bolsa estanca que, además de evitar derrames en el resto de la mochila, sea también fácil de lavarla. También podemos utilizar bolsas de plástico del supermercado, pero si podéis, nosotros recomendamos alternativas más respetuosas con el medio ambiente como puede ser el papel de periódico o trapos de algodón para salir del paso.

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Comida

La lógica dice que no es recomendable guardar comida en la misma mochila que alberga nuestra ropa. Pero tanto si no tenemos más remedio que hacerlo, como si la llevamos en la mochila de mano, siempre en bolsas con cierre hermético. Si se trata de recipientes reutilizables conviene limpiarlos antes de volver a guardarlos. Aquí nuestra elección favorita son los envoltorios re-utilizables, que además de prácticos y ecológicos ¡vienen en diseños bien chulos!

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Bicarbonato de sodio

Se trata de una solución de emergencia para cuando los olores o la humedad se ha instalado ya en nuestra mochila de forma casi permanente y sin pagar alquiler. Es necesario vaciar la mochila y echar un poco de bicarbonato de sodio en las zonas húmedas o con más olor — también hay que tener en cuenta la zona de las correas y la zona posterior que está más en contacto con nuestra espalda — y dejar actuar toda la noche. Al retirarlo, observaremos como tanto el mal olor como la humedad han mejorado notablemente. Si persisten, repetir las veces que sea necesario.

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¿Y qué hacemos si, pese a todos estos consejos, nuestra mochila literalmente apesta? Pues muy sencillo, limpiarla a consciencia siguiendo estos pasos:

  1. Trapo húmedo: lo primero que haremos será pasar un trapo húmedo por la mochila, especialmente en las zonas más sucias.
  1. Cepillo de dientes con jabón: para la suciedad más rebelde, usaremos un cepillo de dientes con jabón líquido. Existen muchos recovecos en una mochila y así nos aseguraremos de sacar toda la suciedad.
  1. Remojar: dejaremos la mochila remojándose en agua y jabón todo un día.
  1. Secar: por último, dejaremos secar nuestra mochila en un espacio abierto para evitar que vuelva a coger olor a humedad.

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¡Y voilà! Mochila limpia y sin olores y apta para una nueva aventura por el mundo. Y vosotros, ¿cómo lucháis contra los malos olores? Ya sabéis que nos encanta saber vuestros trucos y seguir aprendiendo a viajar mejor 😉

¡Felices aventuras!

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