Cómo mantener el espíritu viajero a la vuelta de las vacaciones

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Da igual si se ha viajado dos semanas, un mes o medio año. Regresar siempre cuesta. No falla. De ahí que el final del verano se llene de artículos sobre la depresión post vacacional. En unuk, no nos atrevemos a llamarla así, nos parecen palabras demasiado contundentes e importantes, pero no escondemos que esa, digámosle morriña, es, tal vez, el único “pero” que le podemos poner a esto de viajar por el mundo.

Depresión-post-vacacional

Nosotros tampoco queremos volver después de un viaje. Viajar y descubrir otros lugares y culturas es adictivo, pero sobretodo es apasionante. Cada día viajado proporciona nuevos y constantes estímulos. La adrenalina se dispara con cualquier cosa y nuestra capacidad de asombro está en plenitud. Nuevos rincones favoritos, nuevas experiencias, nuevas personas… Volver supone, casi siempre, todo lo contrario. Salvo si formas parte del exclusivo y privilegiado 1% del planeta. Pero entonces no estarías leyendo este artículo. ¿Verdad? Así que aquí todos compartimos ese pequeño trauma que supone año tras año, viaje tras viaje, volver a la rutina y a casa.

¿Cómo combatirlo? No existen recetas mágicas, pero sí cosas que a nosotros nos funcionan para hacer que ese deseo de volver a escapar sea lo más tenue posible. Aquí van algunas de ellas:

Volver despacio:

La experiencia nos dice que las terapias de choque no van con nosotros. No nos sienta bien aterrizar e incorporarnos directamente al trabajo. Es recomendable que la descomprensión sea paulatina y disponer de un par de días de margen entre el regreso y la vuelta al trabajo. De hecho, todavía más recomendable es dejar, siempre que se pueda, un plan de relax para el final del viaje y así asegurarnos volver lo más descansados posible.

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Rutina saludable:

El deporte es una de las mejores opciones para combatir el jet lag y los efectos secundarios de un gran viaje. Activa y ayuda a sentirse mejor con uno mismo, especialmente si eres de los que siempre tiene una excusa para posponer la visita al gimnasio. El regreso de las vacaciones es, sin duda, la excusa o el argumento perfecto para ponerse en marcha… y en forma.

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Ocúpate:

Lamentarse no es de viajeros. Así que lo peor que uno puede hacer cuando no quiere estar dónde está — o debe estar — es quedarse en casa y perderse en lamentos y ensoñaciones. Sal, haz cosas, busca nuevas actividades, recupera el tiempo perdido y haz todo eso que nunca haces, pero que siempre te dices que algún día harás. ¡Ese día ha llegado!

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Amigos de viaje:

La vuelta a casa siempre es un buen momento para ordenar recuerdos, revisar las fotografías tomadas y seguir en contacto con esos amigos de viaje que hayas podido hacer. Solemos asegurarnos que mantendremos el contacto, pero una vez en casa casi nunca sucede eso. ¿Y si este año, cumpliremos con esas promesas?

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Planifica nuevas escapadas:

Soñar con nuevos destinos y escapadas siempre ayuda a superar la morriña viajera. Hazte con un calendario, busca todos los puentes posibles, calcula los días libres que tienes o que tendrás y empieza a trazar el próximo plan maestro.

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Turista en casa:

Suena a tópico, pero no por ello deja de ser cierto. ¿Estás seguro de conocer al dedillo tu ciudad? Suele darnos menos pereza recorrer ciudades ajenas que la propia. Así que coge la cámara y piérdete por esos lugares que tienes pendiente. Mira hacia arriba y con curiosidad y regálate momentos en los que la única obligación sea descubrir nuevos rincones de tu ciudad. Estamos seguros que no volverás a casa con las manos vacías.

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De hecho, la mejor receta para superar la vuelta al día a día no es otra que la curiosidad. La curiosidad viajera aplicada a la vida. Sal, descubre cosas que tienes a tu alrededor y a las que, erróneamente, muchas veces no damos la importancia que se merecen. Prueba con nuevas actividades (tal vez algunas de ellas las hayas descubierto o pensado durante un viaje), lee, escribe, crea rutinas nuevas, pasea sin rumbo…

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Guarda la mochila en el armario, pero no el espíritu viajero :)

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